Si tu orquídea está sana pero no vuelve a florecer, casi siempre la respuesta está en la luz. Es el factor que más influye en la floración y, a la vez, el que más se descuida.
Luz brillante, pero indirecta
Las phalaenopsis prosperan con luz clara y filtrada. Una ventana orientada al este, con sol suave de la mañana, suele ser perfecta. Las orientaciones al oeste o al sur funcionan bien con una cortina translúcida que difumine el sol fuerte.
Cómo leer a tu planta
Las hojas te lo dicen todo. Un verde intenso y oscuro puede indicar poca luz; un tono amarillento o manchas marrones, exceso de sol directo. El punto ideal es un verde claro y brillante, señal de una planta que recibe justo lo que necesita.
Luz y floración
Para estimular una nueva vara floral, además de buena luz, ayuda una ligera diferencia de temperatura entre el día y la noche. Acercarla a una ventana en otoño suele ser el empujón que necesita para volver a florecer.
Encuentra ese rincón luminoso y verás la diferencia: una orquídea bien iluminada es una orquídea que florece.


